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Esta tarde leí algo revelador en el blog de la gran Mmmm (de la quien también voy a robar su canción). Escribe en su blog una frase que al leerla se me abren los poros de todo el cuerpo y empiezan a rezuman claridad y luz como pocas frases leídas en momentos clave de la vida. Frases que te hacen virar el barco y te encaminan de nuevo hacia el rumbo del que no te debiste torcer:
La experiencia de viure es intransferible
Y es que a medida que uno vive, aprende. Y con cada lección, uno se conoce un poco más. Hoy aprendí que nunca somos las personas que queremos llegar a ser de pequeños. No hay ningún drama en tal sentencia, al contrario, hay en cierto modo una relajación de las propias expectativas, un conocerse más a uno mismo y una cierta armonía entre las propias imperfecciones y lo que los demás esperan de uno mismo.
Yo siempre quise ser como el conde de Montecristo. Una persona sabia y culta que la gente al pasar mirara con gran respeto. Alguien cuyas palabras infundaran paz y cuyos consejos alejaran preocupaciones. Alguien con un pasado turbio cuya historia solo contara con sesgo y desmotivación pero con un guiño siempre en un ojo abriendo la puerta a quién quisiera realmente conocer la verdad.
Pero soy mucho más mundano que eso. Y es que a medida que avanza la vida se pierde en ilusión pero se gana en tranquilidad.
Y en días como los de hoy me gusta poner una nueva pieza en el rompe-cabezas. Es natural hacer encajar algo en un vacío que llamaba a gritos ser rellenado. Nunca quieras ser quien no eres.
Quise ser el conde de Montecristo por unos pocos meses. Y me llevé tatuado a fuego que amar siendo otro solo produce dolor a quién te pide que sigas representando ese papel.
Pero una persona sabia me dijo una vez que nunca podrás amar si antes no te amas a tí mismo. Así que hoy me amé un poco.




